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lunes, 5 de octubre de 2015

Calle Wallaby, 42, Sidney.

Tengo buena memoria. De elefante, casi. Y es en ese casi que me falta para que mi memoria sea la de un paquidermo donde las lagunas se suceden. ¿Y qué naufraga en ellas? Pues cualquier cosa que tenga una mínima relevancia trascendental para mi vida y/o para la de los que me rodean. Y lo que es todavía peor que no acordarse de la cita que tenía en el oculista el lunes pasado... No soy capaz de acordarme de qué narices van los libros una vez los termino y pasan un par de semanas.


Para echarse a llorar y no parar. Puedo acordarme de frases, diálogos, de un personaje concreto, de una escena, de una sensación, o incluso de qué estaba escuchando o comiendo (¡comiendo!) mientras lo leía. El nivel de utilidad de mi memoria está en números negativos... Pongamos un ejemplo para ilustrar esto. Sé que me leí, hace ya siete años, Anna Karenina de cabo a rabo escuchando Horses de Patti Smith en bucle, pero mi memoria de Dory (calle Walabi, 42, Sidney) me impide recordar por qué tanto follón con el Conde Vronsky y Anna.


De sacrilegio para arriba. Un dramón y una tara con la que cargo desde el día que vine a este mundo. Aunque a día de hoy podría salir airosa de esa pregunta porque hace apenas 48 horas que acabo de ver a Keira embutida en un corsé (por enésima vez) a las órdenes de Wright haciendo de Anna, ese no es el caso. Esto es serio. Muy serio. Necesito un abrazo.


Gracias. Ya me siento mejor.

Puedo contestar un básico ¿Te gustó el libro X? Sí/No/Meh. Pero si alguien pretende entrar en una conversación más profunda... ¡Madre del amor hermoso! ¡Voy a quedar con toda seguridad en evidencia!


Parecerá que no lo he leído o que sólo estoy de postureo diciendo lo mucho que disfruto yo con las obras de Will Shakespeare pero sobre las cuales no soy capaz de estructurar una opinión que vaya más allá del "I <3 Hamlet" o "Othello me parece asgfhdsajfd". Y eso queda mal. Y raro.


El adolecer de esta amnesia galopante fue la principal razón por la que empecé a darle a la relectura. Y bien fuerte además. A tope. Sin moderación alguna. ¡Hay que darle un poco de alegría al cuerpo!


La idea detrás de este nuevo hábito (muy malo para la lista de pendientes, que no da bajado la condenada), era que si me leía un libro varias veces, en algún momento tenía que comenzar a recordar de qué iba. LÓGICO. Pues no. La lógica es algo que no se aplica en mi vida y no hay manera, leñe. Pero esta vez, en lugar de frustrarme por mi limitada capacidad memorística para el asunto, he aprendido a aceptar y a querer a mi amnesia literaria y os diré lo petadora que es. Abrochaos los cinturones.

Primero, me permite volver a leer un libro como si fuera la primera vez.


Y segundo, parto con la ventaja de que ya sé que el libro me gustó. ¡Ja! A la mierda los rabos de pasas. Mi memoria mola y la vuestra no.


Como recuerdo ciertos pasajes, sensaciones y pensamientos, tengo lo importante conmigo. De la historia, en cambio, ni pajolera idea. ¿Y me importa? Nop. Me la refanfinfla, para ser sinceros. Descubro el libro de nuevo y a la vez lo redescubro. Es como si cambiara, pero sigue siendo el mismo. Magia potagia, chicos. 


Aunque, antes de que os enganchéis como yo a la relectura, me siento en la obligación de informaros de que es una actividad de riesgo y no todo es un camino de rosas. Hay que saber que no todos los libros sobreviven a un relectura y otros que tienen un límite que no hay que sobrepasar. Saber cuando hay que dejarlos vivir en paz no es fácil, y el peligro de que el libro quede relegado a la balda esa de la estantería donde están los fiascos, está siempre a la vuelta de la esquina. Pero, yo, que a veces en pleno invierno gallego me aventuro a salir de casa sin paraguas, disfruto viviendo al límite.

lunes, 14 de septiembre de 2015

"Carol" entra en mi vida y los pajaritos vuelven a cantar tras 92 días afónicos.

Cuando dejo a medias un libro de Will, "Macbeth" en este caso (para los nuevos, aquí os pongo en antecedentes), porque me causa una apatía de la que mejor ni hablar, es que la cosa es grave, doctor. MUY GRAVE Y PARA ALARMARSE.


¿Y hay remedio?, me pregunté. Pues no, filliña, pues no. Como todo, es cuestión de tiempo, respondieron con gran sabiduría las voces de mi cabeza.


Caca de la vaca y una mierda pinchada en un palo, vamos. Pero así fue. Efectivamente fue cuestión de tiempo. Concretamente de 92 miserables días sin que me apeteciera un pepino coger un libro. Noventa y dos. Un nueve y dos. Que se dice pronto, eh, pero no pasan tan pronto. Tres mesecitos me pasé sin leer hasta que dos simpáticas mozas entraron en mi vida, Carol y Therese. El sol volvió a salir, los pajaritos volvieron a cantar y todo fue mazo bonito.


Carol y Therese. Therese y Carol. Ay. Doble ay. Y triple, ya puestos. Porque si hacía tres meses que no tenía ganas de leer, hacía muchos más que no leía algo que me atrapase y absorbiese tanto. Y ya ni os cuento cuanto sin encontrar un libro en el que me viese reflejada en alguno de los personajes. Era el libro que andaba buscando y el que necesitaba en ese momento. Y fue chachipiruli. Tanto, que después de haberme ya leído la mitad, devolví el de la biblioteca y me compré uno pa'mí pa'siempre y así poder escribirlo y subrayarlo como si no hubiera mañana. Oh, yeah!

"¿Te gustaría venir este domingo? - Preguntó Carol. Esta vez los ojos grises la miraban fijamente y, por primera vez, Therese se atrevió a mirarlos. Vio que había en ellos cierto matiz de humor. ¿Y qué más? También curiosidad y desafío." 
En "Carol" andamos rondando los años 50 y estamos en Nueva York, que no es que digamos un pueblo pero, ¿dos mujeres que se enamoran? Oh. My. God. Qué escándalo. Pero, ¿y esas cosas pasan en la vida real? Pues sí. En las mejores familias.


Y de eso va "Carol". Así de simple. De una historia de amor sobre dos personas que se encuentran por casualidades de la vida. Therese, una jovenzuela de diecinueve añitos, aspirante a escenógrafa, que trabaja como dependienta en unos grandes almacenes y que sale con un tipo llamado Richard (ya sólo el nombre suena a pelmazo), y Carol, un mujer de mediana edad en pleno proceso de divorcio que entra a comprar una muñeca por Navidad. Se volverán a ver otra vez más. Y otra. Y otra más. Y... Ay. Hasta ahí lo que puedo contar. Sólo de recordarlo ya me hace suspirar como una quinceañera...
"Lo que sentía por Carol era casi amor, pero Carol era una mujer. No es que fuera una locura, es que era felicidad."
Si es que en el fondos soy una moñas...
Que Highsmith domina el suspense es algo que nadie se atrevería a discutir, pero cómo narices consiguió mantenerme pegada al libro durante los escasos días que me duró con una historia tan simple, aunque muy llena de matices, es algo que me deja ojiplática. Aquí no hay más misterio que el que supone ir conociendo a una persona e ir descubriendo, a la vez, partes de uno mismo totalmente inexploradas hasta ese momento. Y es que es así como vamos descubriendo a Carol, a través de los inocentes ojos de Therese, a la vez que a la propia Therese, a quien vamos conociendo a medida que ella se va descubriendo a sí misma. 
"Nacía un mundo ante ella, como un bosque radiante con miles de hojas trémulas." 
Durante toda la lectura estuve atenta, en vilo, expectante, ante cualquier pequeño incidente que pudiese acechar en la siguiente página que, por pequeño que fuera, pudiese alterar la delicada armonía y complicidad que a veces surge entre dos personas. Me tuvo totalmente absorbida y, entre una cosa y otra, con la tontería, que si leo un poco en el bus, que si en la cafetería, que si antes de dormir y un poquito antes de comer, que si tengo un hueco aquí y otro allá, que si no lo tengo me lo busco, que si cancelo el café con Menganita y la comunión de mi prima segunda, menuda locura que me entró con estas dos.


Y es que menudo viaje ha sido "Carol". No sé si es que yo me encontraba excesivamente emocional esos días, si tenía las hormonas revueltas o qué, pero me ha llegado bien adentro. Es de esos libros que tienen algo especial, aunque puede que inapreciable para el ojo ajeno. Puede que me olvide de ciertas cosas, incluso de cómo se sucede la historia, pero jamás me olvidaré cómo me hizo sentir.
"Carol sonrió y la cogió de la mano. Casi al mismo tiempo, se la apretó y la soltó.
 - Sí, te espero."
Gracias, Patri, por esta historia. Llámame y nos tomamos algo.

Tú también puedes llamarme, Ruby.
 Y aquí os dejo esto de regalo. De nada.

lunes, 13 de julio de 2015

"Recortes de mi vida": Greatest Hits

Todo "Recortes de mi vida" es muy gif-eable pero copiar todo el libro supondría la violación de alguna que otra ley y la perpetración de al menos un delito y, llamadme rara, pero como valoro muchísimo el no tener antecedentes penales, me he limitado para hacer una recopilación de algunos de los mejores pasajes para que conozcáis mejor a los Finch, de quienes me declaro muy fan desde ya mismo.  


"-Es una neurótica obsesiva compulsiva - afirmó Hope
(...)
Aquello sonaba a algo increíblemente exótico e inmediatamente decidí que yo también quería ser neurótico, fuera lo que fuese"  



"- Puede ser. Los hombres son todos unos hijos de puta. Eso te convierte a ti (...) en una puta - le dijo [Finch] a mi madre.
- Yo soy la más puta de todas - respondió mi madre
- Eso es muy saludable - dijo Finch - Te sienta bien ser puta.
- Entonces yo soy la mujer más saludable de la faz de la tierra."

Pues la típica conversación médico-paciente. Claro.


"Cuando el coche estaba lleno, me estrujaba como podía en el asiento delantero, entre mi padre y la basura. El olor acre de los cartones de leche, las cáscaras de huevo y las colillas me llenaban de placer. A mi padre también le agradaba aquel aroma.
 - Me gusta este olor - comentaba (...) - No me importaría en absoluto vivir junto a un vertedero."

No comments.


"Aparte de utilizar los insultos comunes, como cabrona y puta, los Finch incorporaban a su arsenal de improperios las diferentes etapas freudianas de la evolución psicosexual.
 - Eres típica de la etapa oral. ¡Nunca llegarás a la genital! Con suerte, a la única que podrás aspirar es a la anal. Eres una inmadura, una solterona frígida - le gritó Natalie a Hope"




"- Éramos jóvenes. Estábamos aburridos. Y la vieja máquina de electroshock estaba justo debajo de la escalera en una caja al lado de la aspiradora.
 - Vamos, chicos. Puede ser divertido - dijo Vickie."

¿Hola?


"Una vez, en la consulta del doctor, [Natalie y Vickie] abrieron la ventana y empezaron a tirar sardinas a la gente que pasaba por la calle. Hubieran acabado tirando hasta la cafetera sino llega Hope a tiempo para detenerlas."

Sexo, sardinas y rock 'n' roll.


"La miro y me pone los pelos de punta. Tiene pinta de que se comería un bebé. No porque esté gorda. Parece hambrienta de algún modo peligroso que no soy capaz de explicar. Es siempre muy simpática y amable. Exactamente el temperamento de cualquier asesino de bebés."

Ejemplar típico de devora-bebés. Warning, warning: Tiene hambre.

¿Qué? ¿Son raros o no los Finch?

lunes, 6 de julio de 2015

"Recortes de mi vida" de Augusten Burroughs y la revelación de que venía usando la palabrar "raro" con demasiada ligereza.

"Todos en casa de los Finch estaban un poco locos. Siempre había alguien levantado a las horas más verosímiles y les daba igual si usabas o no posavasos en la mesa." 
Cuando no llevaba más de un par de páginas de "Recortes de mi vida", me di cuenta de que hasta ese momento había estado usando la palabra "raro" con una intolerable ligereza. Junto al término en la RAE, debería encontrarse el título del libro, porque Recortes de mi vida es raro. Todo lo demás en comparación es asquerosamente normal, ordinario y convencional. Incluso Björk. En serio. Creedme.


Muy normal no puede ser un libro donde dos de los protagonistas, unos críos adolescentes, a primera hora de la mañana deciden destrozar el techo de la cocina porque les deprime. Sí. El techo les deprime. Quieren una claraboya. Una claraboya para que entre luz. ¿Y qué hacen? Pues se ponen manos a la obra lanzando no recuerdo el qué.


Huelga decir que el resultado no fue del todo satisfactorio, terminó entrarndo más luz... y también más agua. Y esto es sólo un ejemplo aislado. Creo que por mucho que lo intente nunca podré hacer justicia al nivel de excentricidad de la historia o de los personajes.
"La línea entre lo normal y la locura parecía imposiblemente delgada. Una persona tendría que ser un experto equilibrista para no caerse."
"Recortes de mi vida" es un collage de las vivencias de Augusten, un chiquillo con una madre que está como una regadera y que es acogido por su psicoanalista, el doctor Finch, en su humilde morada junto a su esposa e hijas, no mucho más cuerdos que su progenitora.
Y mi madre empezó a volverse loca. No loca al estilo de ¡Voy a pintar la cocina de rojo! Sino: Voy a meter la cabeza en el horno de gas, voy a hacer unos sándwiches con pasta de dientes, además de creerse Dios.
Cada capítulo es una pequeña historia que conforma otra más grande, su vida. Es una memoria donde todo es tremendamente random, desde la escritura hasta los acontecimientos. Como tal, le falta ese punto de suspense o el básico principio-nudo-desenlace de toda historia de ficción, pero sigues y sigues leyendo página tras página movido por la fascinación que produce la excéntrica familia Finch (palabra que también había estado usando muy a la ligera) y porque crees que las cosas no pueden ponerse más bizarras, pero oh, sí... Sí, pueden.


 Y lo hacen. Oh, vaya, si lo hacen... 


Palabrita del niño Jesús.


Y es que si tienes una vida como la de Augusten Burroughs, es casi una obligación bien hacer un libro, bien una película o que te den tu propio reality en la MTV. Augusten optó por lo primero, luego le llegó lo segundo. De lo tercero no tengo noticias. Os mantendré informados.
"Es una maravilla que esté siquiera vivo. A veces lo pienso. Pienso que no puedo creer que no me haya suicidado. Pero hay algo en mí que hace que siga adelante. Creo que tiene algo que ver con el mañana, con que siempre habrá uno, y que todo puede cambiar cuando llegue."

¿No queréis conocer vosotros también a los Finch y a Agusten?

lunes, 22 de junio de 2015

Kerouac, las bebidas espirituosas & me

Uno relee los libros que le gustan. ¿Sí? ¿No? ¿Puede? ¿Quizás? Sí. Claro. Obvio. Es algo perfectamente ordinario y normal. Pues bien, la cosa es que yo también releo los que no me gustan. ¿Que por qué?


Pues ni pajolera idea de cómo se interconecta mi cerebro para decir: "Este libro me pareció infumable y hubiese preferido unas vacaciones en una cámara de tortura china. ¡Lo leeré de nuevo! ¡It sounds fun!"


Pues bien, resulta que... - Un momento, voy a ponerme un yelmo que tengo justo por aquí tirado de la justa en la que participé el otro día para protegerme de los tomates que algunos me lanzarán por decir lo que voy a decir - ... uno de esos libros fue "En el camino" de Kerouac.


Sip. De verdad. No me gustó nadita. Yo lo intenté, pero no hubo manera.

Mi interés por el susodicho Jack comenzó un jueves noche cuando todavía era una pipiola universitaria, es decir, cuando los dinosarios todavían poblaban la faz de la Tierra. Una chica de cuyo nombre no soy capaz de acordarme y a efectos de esta narración la llamaré Ángela, porque tenía cara de Ángela,  dijo que lo único que quería era un vaso de whiskey y hablar hasta que amaneciera de "En el camino", de Kerouac y de lo mucho que aquel libro había significado para ella. Y yo, que de aquella todavía no estaba versada en literatura contemporánea, me quedé en plan "Buah. Ese tal Keroac debe de ser la ostia... Igual eso es todo lo que yo quiero en esta vida y yo aquí con estos pelos. He de investigar al respecto".


Y así fue como al día siguiente, sin resaca y fresca como una lechuga (ventajas de tener veinte), me levanté resuelta a poner un poco de Kerouac en mi vida y en dos minutos me planté en la librería. Fuera exageraciones. Vivía a dos minutos de la librería. Eso y que tuviera calefacción para no convertirme en Elsa de Arendelle en invierno eran requisitos imprescindibles para firmar el contrato de alquiler, pero eso no viene al caso. Prosigamos que me voy por las ramas y querréis llegar a cenar a casa... Pues bien, llegué a la librería y entre el dilema de leerlo en español o en inglés, primó la portada más bonita de los dos y el del idioma de Shakespeare se vino with me.

Ya en casa, me tiré en el sofá y me puse a leer como si me fuera la vida en ello sintiendo que lo de la noche pasada había sido una epifanía en toda regla y que estaba a punto de vivir una experiencia religiosa junto a Jack Kerouac y a Dean Moriarty en su viaje por los USA. Let's get this party started.


Y la vida se me fue... pero en llegar al final del libro. Jesusitodemivida. Qué tedio. ¿Eso era todo? ¿En serio? Muy poca chicha había allí. Que si bajaban, que si subían, que si iban para un lado de los Estados Unidos, que si llegaban a San Francisco... Apuf.


Entre medias, también hay que mencionar, que había probado por primera vez el whiskey, y el resultado no fue muy satisfactorio, que digamos. Seguía siendo una chica Beefeater y de la ecuación, por tanto, habría que eliminar la mencionada bebida espirituosa. Visto lo visto, todo apuntaba a que a Jack también. Aunque yo me negaba a admitir tal cosa. No. Jamás. Que no me gustase un libro tan mundialmente adorado no puede ser culpa de Keroac. Esto es cosa mía. Lo habré leído mal. Fijo, fijo.


O bien 1. No era el momento apropiado para leerlo o 2. Justo antes de leerlo me olvidé de todo el inglés que puebla mi cerebro y no entendí ni papa del libro. Marco la casilla de la opción 2. Resuelvo leerlo en español. Es un idioma que controlo de una forma más o menos aceptable y suficiente, y con el que puedo defenderme mínimamente bien. Esta vez me gustará. Lo sé. Lo presiento. I feel it in my fingers, I feel it in my toes... You go, girl! Allá vamos. ¡Ataca!


Un mes después le volví a hincar el diente. Esta vez en el idioma de Miguelito de Cervantes, y proferí un indiferente "ajá" al llegar al final. Ya no podía ser problema de que no lo hubiese entendido bien. Algo fallaba. Se suponía que tenía que darme unas ganas locas de coger una mochila, hacer autoestop y recorrerme el país a ritmo de jazz (aunque quizás para recorrerme España adelante, Camela sería un poco más apropiado) y bajar las ventanillas a toda velocidad y dejar volar mi melena al viento. Pero nada. Yo seguía muy cómoda en el sofá sin intención de moverme hasta que tuviese un hambre voraz y no me quedara otra.

Ya sólo quedaba una posible explicación. ¿Qué no me gustase? Naaaaah. Eso estaba totalmente descartado. No lo había leído en el momento adecuado. ESO ERA. Por eso no me había gustado. Claaaaaaaaro. Y todo cobró sentido en ese momento.


Ya sólo quedaba esperar a que ese momento apareciera. Será entonces cuando disfrutaré como se merece. SÍ, SEÑOR.

Y el momento llegó. El momento en el que necesitaba darle un poco de emoción a mi existencia, aunque fuera meramente literaria, y encontrar un poco de perspectiva donde fuera. Era la hora de la verdad. Bien, Jack. Tú y yo. Fuera. Ahora. Round 3. Esta vez nos vamos a gustar sí o sí.


Pues resulta que no. ¿Quién lo iba a decir? Seguía sin sentir eso que tenía que hacerme sentir. Estaré muerta por dentro, oye.


Aunque, a día de hoy, me complace anunciaros que Jack y yo hemos limado nuestras asperezas gracias a "And the hippos were boiled in their tanks" y si nos vemos por la calle nos saludamos cordialmente. Sin más. Como meros conocidos.

Holi, Jack. Mi amor por ti es tan falso como mi sonrisa.
Y entre una cosa y otra, puedo afirmar que, con la tontería, me he leído "En el camino" tres veces. ¡Tres! Más de lo que puedo decir que me leí algunos de mis libros favoritos. Superado sólo por "Romeo y Julieta" y empatado con "El guardián entre el centeno".

lunes, 8 de junio de 2015

Improperios shakespearianos para el día a día.

¿Cansados de escuchar los mismos insultos día tras día? ¿Queréis blasfemar de forma original pero no sabéis cómo? He aquí la solución: Improperios shakespearianos para el día a día.

Terminaréis el post con la boca lista para ser lavada con jabón por vuestras madres, abuelas y tías. Garantizado. Muy prácticos para cuando se conduce, se está viendo un partido, se piensa en George R.R. Martin, una diabólica ancianita se te cuela en el súper... y mil y una situaciones cotidianas que ahora mismito no se me ocurren.

Advertencia: Gravemente ofensivos. Vea las instrucciones de uso de estos improperios y si tiene duda, consulta el diccionario.

Helos aquí.

"Seguir manteniendo una conversación contigo infectaría mi cerebro." - Coriolano



"No mereces ni una palabra más, ¡o te llamaré truhán!" - Todo está bien si termina bien


                                                 
"Ramera encubierta, estáis muy equivocada." - La comedia de los errores



"Tus habilidades son demasiado pueriles como para conseguir algo" - Coriolano



"¡Oh, villano!" - Cimbelino



"Vieja bruja a pesar de todo." - Enrique VI



"Llevaosla, ha vivido demasiado y llenado el mundo con sus mezquinas cualidades" - Enrique VI



"Eres insólitamente fastidioso" - Enrique VIII



"Fuera, escoria" - Rey Juan



"Eres tediosamente estúpido" - Medida por medida



"¡Usted, pretendiente de un campesino!" - La fierecilla domada



"Sois como el orinal de un rey castellano." - Las alegres comadres de Windsor



Bien, mis pequeños padawans, ahora ya estáis listo para enfrentaros al mundo real. Nadie osará faltaros al respeto ahora.