lunes, 23 de noviembre de 2015

Less selfies, more shelfies

Hace unas semanas, en Twitter, surgió la idea de difundir un poco de shelfporn casero por la red. Porque, el que hay, NO ES SUFICIENTE. Nunca hay suficiente. Y además, ¿qué hay mejor que cotillear estanterías ajenas? Leer. Que sí, que vale, comer también. A ver, ¿qué hay mejor que cotillear estanterías ajenas después de leer y comer? Pos eso.

Maribel, que es la más rápida del oeste, nos dejó ojipláticos con las suyas (y esas son sólo algunas de ellas... Que hay más. Sí. FLIPAD), y aquí os muestro las mías, mucho más humildes, pero recién ordenadas, ¡eh!. Eso era porque sabia que iba a tener visita. Que sí, que ya sé que no lo parece, pero es cierto. Y además, la intención es lo que cuenta.

A partir de este punto los maniáticos del orden que continúen bajo su responsabilidad, algunas de estas imágenes pueden herir vuestra sensibilidad.


¿Qué? ¿Me enseñáis las vuestras?

lunes, 9 de noviembre de 2015

Esta entrada no tiene más propósito que el de daros envidia.

¡Libros!

¡Muchos libros!

¡Libros a mansalva!



Todo este botín es lo que he conseguido reunir como consecuencia de mi cumpleaños entre regalos de terceros, autorregalos y compras hechas con los fondos recaudados por el erario de la República independiente de mi habitación por ese día tan señalado.

El de la Mary Wollstonecraft, la mamá de Mary Shelley, es el texto con el que se inicia el pensamiento y movimiento feminista moderno (Hell yeah!), y el de Cómo ser mujer ya lo tengo leidísimo (¿Alguien dudaba de ello?) pero mis estanterías llevaban tiempo reclamándomelo para poder exhibirlo y fardar ante las visitas. Además, ahora ya puedo decir que tengo todo lo que Caitlin ha publicado (¡Doble hell yeah!).

Empty without you son las recopilaciones de las cartas entre Eleanor Roosevelt y Lorena Hickok. No había oído hablar de él hasta hace poco, pero a mí me pones a dos mozas dándose amor, aunque sea a través de misivas, y me tienes ganada.

El de Audrey en casa, un libro que recopila las recetas que Audrey preparaba en su morada, y el de 1001 películas que ver antes de morir fueron absolutas sorpresas. Muy gratas, por cierto. Aunque cuando me dieron el segundo, de forma totalmente inconsciente, puse cara de asco al ver su portada y en vez de un "Gracias", lo cual hubiera estado pero que muy bien, solté un "¿Y este cartel que pinta aquí?". Tras la confusión inicial de los presentes sobre si me había gustado o no, tuve que aclarar que sí. Que mucho. Yo soy así.

Al de mi tocaya, Paula Bonet, Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, le tenía echado el ojo desde hacía unos meses, concretamente desde la tercera semana de agosto de este año 2015 que está llegando a su fin, cuando me descubrieron la existencia de esta muchacha catalana mientras yo andaba por sus tierras. El flechazo con sus dibujos fue instantáneo, pero con el precio del libro ya no tanto. Finalmente, aprovechando esta ocasión tan especial, hice de tripas corazón y solté un par de billetitos. Ahora ya puedo proclamar que tengo su libro entre mis manos, y el otro que tiene publicado, fichado. Y me ha salido un pareado. Já.

Y por último... Sylvia. Sus diarios. Imprescindibles. Un must que era delito que no estuviera en mis superpobladas estanterías.

¿Qué? ¿Se os hace la boca agua? Bien. Porque eso pretendía.