lunes, 24 de noviembre de 2014

"Matar a un ruiseñor"... YUMMMM!

¿Cómo hablar de "Matar a un ruiseñor"? NO TENGO PALABRAS. Lo que es cuanto menos raro. Muy raro. Pero es que...

La historia.



Los personajes



La narración.



Atticus Finch


Imposible no caer rendida ante la carisma y las virtudes de este personaje, sobre todo para alguien de leyes como yo.

Como véis, "Matar a un ruiseñor" es... FANTÁSTICO. FABULOSO. INCREÍBLE. BUENO HASTA CAER DE CULO. BUENO QUE TE CAGAS. BUENO BUENÍSIMO. EXCELENTE. IMPECABLE. ESTUPENDO. INMEJORABLE. INSUPERABLE. DABUTI. LA OSTIA. LA CAÑA.


Si no sabéis de que va todavía, salid de vuestra cueva que ya van siendo horas. Parece que la gente se queda con la historia del esclavo negro es acusado de violar a una joven blanca en el terriblemente racista sur de los USA en los años 20, pero eso no es todo, amigos. Hay más. Que sí. Que hay más. MUCHO MÁS. Lo verdaderamente importante es cómo una niña, Scout, hija de Atticus Finch, que apenas levanta un palmo del suelo se cuestiona con su inocencia e ingenuidad a toda la sociedad sureña americana, tan racista, homófoba y cerrada de mente, como peculiar e interesante. Scout for president!
   
No es un libro perfecto, pero es de esos que te llegan y consiguen que te olvides de sus fallos. Poco puedo decir más allá de que TENÉIS que leerlo. No es negociable. No me vengáis con un sí, puede que algún día lo coja o un lo tengo en mis estanterías, a ver si pronto me animo. NO. Lo leeis.  Sí o sí. Punto pelota.




P.D: Si podéis, leedlo en V.O. Hay demasiadas cosas que se quedan lost in translation, entre ellas el acento sureño, y'all!

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ahora escucho libros and I love it.

Bendito sea el que ideó los audiolibros. No sé quien fue, pero sólo quiero decirle que se ha convertido en mi personas favorita.



Después de Bruce Springsteen. Y de Emma Stone. Bueno, después está Bowie, y Caitlin Moran... Y eso si contamos a los que están vivos, porque de entre los que ya estiraron la pata estaría Sylvia Plath, Virginia Woolf... Dejémoslo en que es una de las muchas personas favoritas que tengo, qué tampoco está mal, oye.

Los audiolibros son un invento que (re)descubrí hace poco (quién dice poco, dice hace cinco meses), y desde entonces estoy totally on fire con ellos.


Menudo vicio que tengo, porque además, me vienen de perlas en esos momentos en los que estoy a tope de cosas que hacer y no tengo ni tiempo para coger un libro, muchos menos abrirlo y leerlo. Así que, aprovecho al máximo cualquier huequecito donde la actividad de la lectura no es viable, como el momento de la compra en el Mercadona, mientras camino por la calle (no creáis que no lo intenté, pero la gente tiene la manía de quejarse cuando colisiono con ella. Son unos quisquillosos), para los que nos mareamos también son perfectos en los medios de transporte en movimiento, así como para esos domingos de resaca en los que parezco un extra de The Walking Dead tirada en la cama con unas funciones motoras que no responden, pero sobre todo, SOBRE TODO, mientras hago las tareas del hogar. No veiáis lo contenta que tengo a mi familia desde que los descubrí y no digo ni pío cuando me toca limpiar la casa. Se acabó pasar la aspiradora a lo Freddie Mercury en "I want to break free", esos son tiempos del pasados. Ahora escucho libros and I love it.


Su única parte negativa es que son más adictivos que el crack y si estoy escuchando uno y me pongo a limpiar, digamos la cocina, lo hago a fondo y con más eficiencia que el equipo del anuncio de KH7 aún cuando pedí una pizza y no manché más que un plato porque tengo que escuchar un capítulo más. Llego tarde a los sitios (más tarde de lo habitual) porque o cojo el camino más largo o ralentizo mi paso si mi sentido arácnido presiente que hay un cliffhanger coming. Imaginaros que se avecina el momento en el que Darcy le dice a Elizabeth eso de "Permítame que le manifieste cuan ardientemente la admiro y la amo", qué haríais vosotros sino, ¿eh? Lo suponía. Incluso me llego a poner en plan lost in the supermarket con el carrito de la compra fingiendo que no encuentro lo que estoy buscando para poder escuchar un poquitito más.


No sé cómo tardé tanto en cogerles el gusto. Esta era como la segunda o tercera vez que los había probado pero nunca me habían entusiasmado demasiado. Al principio, los escuchaba antes de irme a dormir, y era coger una postura mínimamente cómoda y zzzzzzz... Adiós, muy buenas. Luego los probé mientras hacía ejercicio porque era el momento que todo el mundo recomendaba para escucharlos, pero a mí me cortaban el rollo y no era capaz de mantener el ritmo. Yo necesito música de dudosa calidad con letras que matan a un poeta y a un gatito cada vez que alguien las escucha para me motive a sudar la camiseta.

La que ha tenido la culpa de haberme enganchado es Tina Fey y su divertida memoria "Bossypants". Después fueron otros muchos cada uno de su padre y de su madre ("El club de lectura del final de tu vida", es de los que más me entusiasmaron), pero siempre vuelvo a Tina y al resto de su panda porque son con quien mejor me lo paso: Chelsea Handler, Ellen Degeneres, Amy Poehler y demás diosas de la comedia americanas. Sus audiolibros tienen el puntazo de estar narrados por ellas mismas y son los miticos que resultan tan graciosos que mejor que uno de sus chistes no te pille bebiendo algo porque corres el riesgo de que el líquido ingerido vuelva a salir por donde entró. Son hilarantes. Lo que conlleva a tener que luchar por reprimir mis emociones y reacciones ante sus anécdotas y chistes varios cuando estoy en un lugar público.



Pero mis buenas intenciones siempre duran poco y mi intento de mantener la compostura y de no asustar al personal duró poco y pasé a reirme sola en medio de la calle, poner cara de WTF en el autobús y poner al de enfrente en la duda de si es por él, y a hacer una variedad de gestos sólo admitidos en el ámbito social cuando no eres una persona muy equilibrada.


Bah. Me da igual porque  ¿y lo bien que me lo paso qué? A mí plín, yo duermo en Pikolín.


Si todavía no habéis probado los audilibros, ¿a qué esperáis?

lunes, 10 de noviembre de 2014

Me hago viejuna. Me encuentro una cana. La gente me regala libros.

Me hago viejuna. Es una realidad que tengo que empezar a asumir... Diría la edad pero una señorita nunca revela tales datos, sólo mencionaré que ya estoy más cerca de los 30 que de los 20...


TRÁGICO, LO SÉ.

Traté de evitar que eso sucediera, pero nada. Ni con una orden de alejamiento consigo que el día de mi cumpleaños me deje en paz. Que no. Que no hay manera. Siempre termina por alcanzarme a finales de octubre y me hago un año más vieja en contra de mi voluntad. Qué pesao el jodío...


Es por eso que, para ayudarme a sobrellevar semejante bajón y el descubrimento de una cana en mi cabellera (SUPERDRAMA), me regalaron estos libritos y este estuche para poder petarlo a lo grande en la sala de estudio de la biblioteca.




A Bruce y a David no necesito presentarlos. El de "The Beauty Myth" es todo un clásico del feminismo de los 90 al que le tengo muchas ganas desde hace tiempo y el de "Ex Libris: Confessions of a Common Reader" me conquistó con su descripción de Goodreads. ¿Estáis preparados? Os lo advierto, es irresistible...
"Anne Fadiman is--by her own admission--the sort of person who learned about sex from her father's copy of Fanny Hill, whose husband buys her 19 pounds of dusty books for her birthday, and who once found herself poring over her roommate's 1974 Toyota Corolla manual because it was the only written material in the apartment that she had not read at least twice. This witty collection of essays recounts a lifelong love affair with books and language."
¿Y bien?


Ay, a partir de ahora empezaré a comportarme como una verdadera adulta...



Obvio que no. No sabría ni por donde empezar.

lunes, 3 de noviembre de 2014

"¡Melisande! ¿Qué son los sueños?" de Hillel Halkin. Ay, se me enamora el alma...

"Nosotros éramos jóvenes. La madurez era una estupidez con la que no queríamos tener nada que ver. Tardamos años en descubrir que lo que cada uno de nosotros había interpretado como una decisión personal nos pertenecía a todos."

Ay, ¿por done empezar?...

Empecemos por el principio, que siempre es un acierto.

Amor y amistad. "¡Melisande! ¿Qué son los sueños?", "Meli" para los amigos, empieza en los años 50 y termina en los 80. Desde NY a las islas griegas. Nos cuenta el viaje de Hoo y de Melisande y de Ricky desde su adolescencia hasta el ecuador de sus vidas. Tres adolescentes que descubren juntos como la amistad une y el amor termina separando, y todo lo que entre ellos era sincero e inocente, se va deteriorando por cosas que no siempre pueden controlar.

Es un libro de esos en lo que no todo está en lo qué cuenta, sino en cómo lo cuenta. Referencias literarias, pequeñas historias sobre tiempos lejanso, notas olvidadas en medio de lás páginas de un libro... Todas forman un pequeño collage que da forma a "Meli".
Con una prosa simple que usa frases cortas y entrecortadas, directas a veces, esquivas otras, siempre con cierto sonido poético, juega entre metáforas y significados ocultos.

 "En el fondo, no somos más que una secuencia continuada de impresiones de los sentidos, sentimientos e ideas. Si no los recordáramos, no tendríamos sentido de la identidad. Es la memoria la que le da a nuestra experiencia la ilusión de la continuidad que atribuimos a quien experimenta las cosas de forma independiente."

En manos de cualquier otro hubiera sido un libro pretencioso y pseudo-intelectualoide para modernillos hipsters, pero Halkin hace que todo resulte natural, y que suene especial cuando los personajes se enzarzan en diálogos profundos y se expresan contando historias o haciendo referencias a filósofos, grandes pensadores o autores clásicos. El encanto está ahí y en como hace que la historia avance. Sólo se fija en los momentos más relevantes que ayudan a construir la estructura, a la vez que en las pequeñas cosas que la hacen más acogedora y le da personalidad, y pasa por alto todo lo demás porque no importa.
Como suecede en la vida real, no te das cuenta de que el tiempo avanza para ellos también, y sólo cuando echas la vista atrás, y recuerdas las primeras páginas, te percatas de que cambiaron y ya no son los mismos que se conocieron en el instituto.

"A veces creo que he pasado de joven a viejo sin transición que valga." 

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